Festivales



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No habíamos escrito nada antes del Festival de San Sebastián, lleno de glamour, de cine con tendencia al bostezo y de algunas carcajadas en la lista de premiados.
Tampoco teníamos especial ganas de hacerlo sobre el Festival de Sitges, donde unos presuntuosos son capaces de montar el tinglado, suspender una sesión de cine con la excusa de que les quieren piratear la película y todo para que se la copien en cuanto llegue al videoclub, porque estrenarse, veremos si se estrena.
En esas estábamos cuando otro elemento, con ínfulas de creador, se permite recrear unas torturas, puras y duras, con la excusa de que eso es cine y refleja un martirologio.
Aunque, quizá, lo adecuado sería preguntar cómo y por qué la han seleccionado.